Pringles: las mellizas guerreras, Clara y Sara, ya están en casa

Pringles: las mellizas guerreras, Clara y Sara, ya están en casa

Llegaron en la semana 34, pesaron menos de dos kg y midieron 40 cm. Milagros Villareal, la mamá, hizo reposo absoluto hasta el día del parto. Las pequeñas estuvieron 23 días en Neonatología del hospital de Coronel Suárez.
 
   Están sanas y fuertes, pero tuvieron que pelearla. La llegada al mundo de las mellizas Clara y Sara, no fue sencilla; tampoco lo fue el embarazo. Milagros Villarreal, la mamá, de 23 años, tuvo que permanecer en cama durante toda la gestación para que estuvieran a salvo.

   “Fueron 34 semanas complicadas, solo podía levantarme para ir al baño. Tenía cólicos renales y vómitos, me deshidrataba y tenía contracciones. La recomendación era de reposo absoluto”, contó.

   “El doctor Miguel Fernández me explicó que por ser un embarazo gemelar era más complicado, porque además soy de cuerpo pequeño. Mi pelvis era pequeña”, contó.

   Antes de quedar embarazada, Milagros, trabajaba como niñera y cursaba de forma virtual la carrera de Enfermería.

   A fines de julio supo que esperaba un bebé y compartió la noticia con Fabio Serruda, su pareja, por videollamada, ya que aún no vivían juntos y él estaba en aislamiento.  

   La sorpresa llegó después de una internación de Milagros. Llegó al hospital con cólicos renales y después de realizarse una ecografía supo que esperaba dos bebés, cada uno en su bolsita: mellizas.

   “Se fijaron que estuviera todo bien y ahí llamé a mi pareja para contarle que iba a ser papá de mellizos. Todos re contentos, felices. Nosotros un poco asustados, pero recibimos bien la noticia”, comentó Milagros.

   Fabio, de 20 años, trabaja desde hace varios meses en una panadería y ella está desempleada, aunque dedicada full time a la atención de Clara y Sara, que ya están en casa

   “El día en que nacieron empecé con contracciones a las 5 de la mañana. Creí que era un dolor de panza normal y me volví a dormir, pero unas horas después las contracciones se hicieron más intensas y más seguidas”, recordó.

   Una vecina la llevó al sanatorio y, al mediodía la derivaron al hospital Manuel Cabrera de Coronel Pringles, en pleno trabajo de parto.

     “Cerca de las 11 de la noche me hicieron una cesárea de emergencia porque había complicaciones. Sara, nació a las 23.15 sin oxígeno y tuvieron que reanimarla. Por eso decidieron llevarlas a Bahía Blanca e internarlas en el Hospital Privado del Sur”, contó.

   Su papá viajó con el tío de las pequeñas y esperó en la guardia del hospital que las noticias fueran buenas. Milagros, en reposo por la cesárea, no pudo ir.
   Fabio recreó ese momento de ansiedad y también de felicidad, cuando por fin, se enteró de que ambas se encontraban estables.

   “Llegué a las 3 de la mañana y esperé hasta las 5 en la guardia hasta que me dijeron que las dos estaban bien. Nos quedamos tres días y después las trasladaron al hospital de Suárez”,  comentó.

   Estuvieron 23 días internadas en el área de Neonatología del Hospital de Coronel Suárez, en la incubadora, hasta que, por fin, pudieron reunirse con sus papás en una casa nueva que les regaló el abuelo materno. Es la casa donde creció Milagros.

    Durante la internación la pareja podía ingresar a verlas en cualquier momento.

    “Las mellis progresaron re bien, y todos se sorprendían por que iban muy avanzadas. Fue una experiencia linda”, contó el joven papá de 20 años.

    Sara nació con 1,950 kgs y es muy tranquila. Clara, con 1,850 kgs, “es polvorita”, tiene mucho carácter.

   “Las diferenciamos porque Sara tiene una manchita en el ojo derecho. Por ahora entran las dos en la misma practi-cuna, porque son muy pequeñas. Tenemos un carrito doble”, dijo la mamá.

   “Mi pareja y yo tuvimos la contención familiar que necesitábamos, de abuelos, hermanos y tíos. La fe en Dios nunca la perdimos. Siempre estuvimos confiados”, sostuvo.

   Confió que no es fácil generar los ingresos económicos que se necesitan para seguir adelante más que nada porque las mellis requieren una leche especial que es costosa, pero han recibido mucha ayuda.

   “Nos regalaron una casa para que pudiéramos vivir juntos y hubo gente que nos ayudó con ropa y con la cuna. De a poco nos fuimos armando. Desde un principio tuve contención más que nada de mi mamá”, dijo.

   Hoy las mellis pesan 3 kilos y están rodeadas de amor y creciendo día a día.(lanueva).