De Indio Rico: Natalia, la mujer que conecta la región con el mundo
Llegó a Cipolletti a los 18 años desde un pueblo de mil habitantes y sin saber lo que era un despachante de aduana. Hoy tiene su propio estudio, un depósito fiscal y organiza el principal encuentro de comercio exterior de la Norpatagonia.
Hay una estación de tren en el sur de la provincia de Buenos Aires que se llama Indio Rico. Está entre Coronel Pringles y Tres Arroyos, tiene mil habitantes y el mismo tiempo quieto que tienen todos los pueblos donde el tren fue lo más importante que pasó y después dejó de pasar. Natalia Muguerza creció ahí, entre familia de campo, con un padre que se movía de un lugar a otro buscando trabajo y una madre que sostenía el hogar desde adentro mientras el mundo de afuera cambiaba de paisaje cada vez que la familia levantaba las valijas. Hizo la primaria en Indio Rico, parte en De La Garma, la secundaria la terminó en Misiones, donde la familia había llegado siguiendo otra oportunidad, y fue ahí, lejos de todos, donde perdió a su padre. Tenía 18 años y de repente el horizonte se redujo a una sola pregunta urgente: cómo sostenerse.
La respuesta llegó en forma de recomendación. Un tío la conectó con un amigo en Cipolletti que tenía un estudio de despachantes de aduana. Natalia no sabía lo que era un despachante de aduana, ni lo que era una aduana, ni el comercio exterior, pero eso no importó tanto como el hecho de que sabía escribir rápido en máquina, en una época en que las computadoras eran una rareza y esa habilidad valía un trabajo. Se presentaron al mismo tiempo dos ofertas: una en una heladería y otra en ese estudio. Eligió lo que no entendía, quizás porque intuía que lo que no se entiende al principio es lo que después se convierte en vocación, o quizás simplemente porque necesitaba trabajar y ese fue el primer llamado que atendió. Lo que no sabía es que esa elección casi accidental iba a definir todo lo que vendría.
La biblioteca del jefe
El estudio donde entró a trabajar era Vega SRL, un nombre que hoy lleva más de 40 años en Cipolletti trabajando con la fruticultura y el comercio exterior de la región. Natalia entró como cadete y aprendió mirando, preguntando y sobre todo leyendo. Su jefe tenía una biblioteca entera detrás del escritorio y cuando ella le preguntó para qué eran todos esos libros, la respuesta fue tan simple que resultó imposible de ignorar: eran para leer. Natalia los leyó todos. Así fue como encontró un mundo que no sabía que existía, hecho de aranceles y declaraciones aduaneras, de rutas comerciales y normativas que cambiaban, de clientes que necesitaban que sus mercaderías llegaran a tiempo y de una cadena de decisiones en la que cada eslabón importaba.
Durante dos años también intentó estudiar Contador en la Universidad Nacional del Comahue, hasta que entendió que los números en su forma más abstracta no eran lo suyo, que lo suyo era la acción, la logística, el movimiento real de las cosas en el mundo. Entonces dejó la universidad y se concentró en el trabajo. Nueve años en ese primer estudio, aprendiendo todo lo que había para aprender, creciendo dentro de una empresa que le dio el oficio completo, hasta que el cuerpo le avisó que era demasiado. Salió agotada, probó suerte armando el departamento de comercio exterior de una empresa frutícola en Centenario y en pocos meses descubrió algo que no esperaba: que extrañaba la aduana, que la aduana le corría por la sangre, que esa carrera picante donde todo es para ya y los camiones esperan afuera y los clientes llaman al mismo tiempo era exactamente el ritmo que necesitaba para sentirse viva.
La computadora, el estudio y el mundo
En 2003 compró una computadora y abrió su propio estudio desde su casa. Sola, sin socios, con el conocimiento acumulado tras una década de trabajo, con la claridad de alguien que entiende que el único camino es hacia adelante y con una convicción que no admitía mucho espacio para la duda. En 2006 fue mamá, todo junto, todo al mismo tiempo, porque en la vida de Natalia las cosas nunca llegaron en orden ni en momentos cómodos sino todas a la vez y eso también forma parte de lo que es. Lo que distingue su historia no es solo la acumulación de logros sino la coherencia entre lo que vio, lo que creyó y lo que construyó, una coherencia que se sostiene incluso cuando las puertas se cierran, porque tiene un principio al que vuelve siempre: si la puerta se cerró, la volvió a golpear hasta que se abrió.
Esa filosofía la llevó a su proyecto más ambicioso. Harta de ver mercadería de sus clientes esperando diez o quince días en depósitos fiscales de Buenos Aires por las demoras portuarias, escribió el proyecto de un depósito fiscal propio en Neuquén, buscó socios que creyeran en algo que todavía no existía y esperó, a veces con paciencia y a veces sin ella, hasta que dos personas apostaron junto a ella. En 2014 abrió el Depósito Fiscal y Aduanero de Neuquén, primero en formato pequeño y después creciendo, siempre con capitales propios, siempre desde adentro hacia afuera, sin atajos.
Desde el yacimiento: lecciones de vida y avances tecnológicos
Lo que hace especialmente singular ese momento en la historia de Natalia es que cuando construyó el depósito, Vaca Muerta no era lo que es hoy. El shale argentino estaba en sus primeras etapas y hablar de la cuenca neuquina como el epicentro energético del país era todavía una promesa más que una certeza. Pero ella ya lo veía. "Tuvimos una visión con lo que se venía en algún momento de Vaca Muerta. Esto hace más de 13 o 14 años. Nos preparamos para este momento", dice, y en esa frase hay algo que va más allá de la intuición empresaria, está la imagen de una mujer que no esperó que el mundo le avisara sino que fue al encuentro del mundo antes de que el mundo supiera adónde iba.
El mundo de hombres y la puerta que se abre sola
Cuando Natalia arrancó en el comercio exterior, el rubro era casi exclusivamente masculino. Ella no convirtió eso en una bandera ni en un obstáculo insalvable, pero tampoco lo ignoró. "Quizás que por ser mujer tuve que demostrar varias veces que era capaz, como un poquito más de esfuerzo", admite con una honestidad que no busca el drama sino la precisión. Nunca sintió que le faltaron el respeto, pero sí que ciertas puertas que para otros estaban entornadas para ella requerían un golpe más fuerte. Y las golpeó, siempre muy convencida de lo que estaba haciendo.
Esa experiencia acumulada fue la que la llevó a hacer algo concreto cuando tuvo el poder para hacerlo: juntar a las mujeres industriales de Neuquén que cada una trabajaba en su empresa, cada una peleando sola batallas que podrían ser compartidas. Así fue como surgió lo que hoy es el nodo sur de la Red MIA, la Red de Mujeres de la Industria Argentina. Hoy son más de 30 mujeres, con un núcleo de 10 o 15 grandes empresarias neuquinas que comparten contactos, apoyo mutuo y visibilidad, que se conocen y se reconocen en un espacio que antes no existía. "La mujer empresaria neuquina ya tiene un posicionamiento. Y eso está bueno", dice Natalia.
El momento es ahora
La frase que Natalia eligió como lema de la segunda Jornada COMEX Norpatagónica no llegó de un brainstorming de marketing sino de adentro, de la misma convicción que la llevó a abrir un estudio desde su casa, a construir un depósito fiscal cuando nadie se lo pedía y a juntar mujeres industriales. El momento es ahora y ella lo sabe porque lleva más de una década diciéndolo en reuniones de cámara, en conversaciones con empresarios que todavía no encontraron la puerta de los mercados internacionales, en cada gestión que hace desde la vicepresidencia de ADINEU y la vocal de FECENE.
El 13 de agosto, en el Centro de Convenciones Domuyo de Neuquén, ADINEU junto a Centro PyME ADENEU, el Depósito Fiscal y Aduanero de Neuquén, la Zona Franca Zapala y el Grupo San Cristóbal como Main Sponsor, realizarán la segunda edición del principal encuentro regional de comercio exterior de la Norpatagonia. De 8:30 a 17 horas, más de 400 empresarios, directivos, especialistas y referentes del ecosistema productivo de Neuquén y Río Negro debatirán sobre geopolítica y competitividad, infraestructura logística, el corredor bioceánico sur, normativa aduanera, inteligencia comercial y las oportunidades concretas que tienen las empresas de la región para insertarse en los mercados globales.
"Hoy el comercio internacional ya no es solo una herramienta para exportar. También es una vía para acceder a tecnología, mejorar procesos, generar alianzas estratégicas y fortalecer la competitividad de nuestras empresas. La Norpatagonia tiene una oportunidad histórica y creemos que este es el momento para aprovecharla", dijo Natalia al presentar la jornada, con la misma intensidad que puso en cada paso de su historia, desde aquella primera máquina de escribir en Cipolletti hasta el depósito fiscal que construyó para el momento en que Vaca Muerta fuera lo que hoy es.
Fuente: Vacamuerta.ar













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